Del pulpito al algoritmo
No hemos dejado de obedecer: solo cambiamos de dueño.
Antes te decían qué pensar. Hoy eliges quién lo hace por ti.
Durante siglos, las personas aprendían qué pensar desde un púlpito. No todos tenían acceso al conocimiento, así que las “verdades” se tragaban a base de repetición y a golpe de pecho. La memoria hacía el resto.
Hoy creemos que eso ha cambiado. Pero solo ha cambiado el canal. Donde antes había púlpito, ahora hay pantalla, y donde había sermón, ahora hay contenido. El engranaje es el mismo: repetir… hasta que la mente digiera ruido por verdad. No importa si es un dogma religioso o una tendencia viral. Si algo se repite lo suficiente, acaba convirtiéndose en autentico.
¿La diferencia?
Tan sutil que casi resbala.
Antes sabías que alguien te hablaba desde una posición de autoridad; merecida o no. Hoy eliges entre lo que más likes acumula. Y para enganchar, vemos a personas serias, íntegras, adaptándose al juego de seguidores haciendo caritas, aunque por dentro les resulte ridículo. Miniaturas exageradas. Gestos forzados. Mensajes recortados con tijeras. Todo vale si funciona.
Al final, lo que queda es un entorno mediocre, ridículo, que moldea comportamientos, y una sociedad que se los traga sin olerlos. Así hemos pasado de la fe al contenido. De pensar, a repetir y de opinar, a insultar. Y todo bajo el dictamen de la nueva autoridad: el algoritmo. Ese que te dispensa los minutos para que existes o desaparezcas.